SEXUALIDAD HUMANA

Sexo y paz moral (2)


La sexualidad humana es un don divino maravilloso, que hemos de apreciar y ejercer debidamente, y del que debemos estar enormemente agradecidos.

En la actualidad son conocidos para nosotros diversos aspectos básicos de la sexualidad humana. El ser humano es sexuado: hay hombres y mujeres. El ser humano no es el único ser viviente sexuado; también lo son muchos animales y vegetales. Incluso podríamos pensar que en los minerales las atracciones eléctricas positivas y negativas son analogías de cierta “sexualidad” presente en toda la naturaleza. Sin embargo, la sexualidad humana es de una riqueza incomparable, y mucho mayor que la de las otras especies sexuadas.
Sexualidad humana.
También nos es conocido que el hombre y la mujer, incluidas sus diferencias sexuales, son de la misma naturaleza humana, y que tienen la misma dignidad de personas y los mismos derechos derivados de tal dignidad. La dignidad del ser humano se pone crudamente de manifiesto al arrojarle al suelo un poco de comida a un perro y a un limosnero. El perro la come, mueve la cola y vuelve por más; en cambio, el limosnero nos insulta, justamente porque tiene dignidad.
Sexualidad humana.
También nos es conocido que el hombre y la mujer, debido a sus diferencias sexuales –que dan lugar a diferencias psicológicas– son complementarios; y como consecuencia de tal complementariedad son también fecundos de diversas formas. La fecundidad principal es la que, gracias al coito, da lugar a un nuevo ser humano o hijo de un hombre y una mujer; y en este tipo de fecundidad se apoya el crecimiento y la perpetuación de la especie humana. Otras fecundidades son de tipo psicológico, y dan lugar a una diversidad de más y más fecundidades: mental, artística, emocional, sentimental, familiar, social, laboral, etcétera.
Sexualidad humana.
También sabemos que entre un hombre y una mujer puede y suele darse una forma de amor particularmente intensa, a la que llamamos
enamoramiento; y que lo normal es que los enamorados deseen tener relaciones sexuales, estar y vivir juntos, tener hijos y formar una familia. El enamoramiento suele ser exclusivo de un hombre con una mujer. Así lo pone de manifiesto el fenómeno de los celos, y también el fenómeno de la favorita en las sociedades polígamas.
Sexualidad humana.
También sabemos que la mujer ha sido injustamente infravalorada y maltratada de diversas formas a lo largo de toda la historia humana, y que hoy lucha con especial fuerza y valentía por su debida consideración.


Semejanza del ser humano con Dios

Todos estos aspectos básicos de la sexualidad humana, y muchos otros, deberán tenerse en cuenta en la búsqueda de una correcta ética o moral sexual. Y en relación con estos aspectos básicos resultan de máximo interés muchos de los pasajes de la Biblia, sobre todo de los primeros capítulos del Génesis. Citemos uno de ellos:

  • ²⁶Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra».

    “²⁷Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.

    “²⁸Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». …

    ³¹Vio Dios cuanto había hecho, y todo era muy bueno” (Génesis 1, 26-31).

Al terminar cada uno de los días de la creación vio Dios que lo que había hecho era bueno. Y al terminar el sexto día con la creación del hombre y la mujer, y la misión que les dio, vio Dios que “todo era muy bueno”. Estos textos confirman la opinión del filósofo Leibniz de que Dios creó el mejor de los mundos, como puede verse más ampliamente en mi serie de artículos No te enojes con Dios, a partir del primero de ellos: ¿Por qué Dios permite tanto mal? Y de estos textos también puede inferirse que la misión dada por Dios al hombre y la mujer al momento de crearlos, de procrear y multiplicarse, es la mejor de las misiones que el ser humano pudo tener, pues vio Dios que era algo “muy bueno”. ¿Por qué habría de darle Dios al ser humano una misión mediocre?
Sexualidad humana.
Aquí arriba tenemos, en el versículo 26, la primera vez que en la Sagrada Escritura Dios habla en plural: “
Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”. Este hablar en plural indica por primera vez en la Sagrada Escritura la Trinidad de Dios, que se desglosa y describe cabalmente en el Nuevo Testamento. Dios es Uno, mas no por eso es una soledad, sino una Familia Divina: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Mucho se ha dicho de la semejanza del hombre con Dios. En ella se fundamenta principalmente la dignidad humana. Y se ha dicho que tal semejanza es trinitaria, porque así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el hombre hay ser, intelecto y voluntad. Sin embargo, esta semejanza trinitaria es pobre, porque a tres Personas Divinas no corresponden tres personas humanas, sino una sola persona y dos facutades humanas.

Para que la semejanza trinitaria sea completa se requieren tres personas humanas, y éstas son el padre, la madre y un hijo (o hija). La completa semajanza trinitaria del ser humano con Dios está en la familia, concretamente en cada una de las ternas familiares: padre, madre y uno de los hijos. En lo cual, además, se fundamenta la teoría pedagógica de la educación personalizada, donde los padres educan a cada hijo conforme a su personalidad única e irrepetible.

Las Personas Divinas son complementarias y fecundas, porque del Padre y del Hijo procede por vía de amor el Espíritu Santo, que es el Amor Divino en persona. Y Dios ha querido que el ser humano le sea semejante justamente en esto, en que cada hijo o hija sea el fruto de la complementariedad y fecundidad del amor de sus padres. Dios no quiso que la especie humana se multiplicara en base a individuos hermafroditas autosuficientes para reproducirse, sino que se multiplicara gracias al amor de personas complementarias y fecundas, que son sus padres; y que son complementarias y fecundas por ser dos personas diferenciadas sexualmente. Éste es el principal aspecto de la semejanza que Dios quiso que el ser humano tuviera con Él.

La sexualidad humana es la clave de la semejanza del ser humano con Dios. La sexualidad humana es uno de los mejores y más sublimes obsequios que nos ha hecho Dios. Él creó al hombre y a la mujer en gracia, y ya sexualmente diferenciados. Y la sexualidad es el elemento humano que hace posible que la especie humana se multiplique en gracia y por amor (que después el pecado haya intervenido para alterar las cosas es algo completamente aparte). La sexualidad es algo bueno y santo, querido por Dios para el ser humano desde el momento de su creación, y en base a lo cual estableció su semejanza con Él. Desglosemos este importante principio de la semejanza humana con Dios:

  • Semejanza humano-divina: La semejanza del ser humano con Dios se da cabalmente en la familia, y no en el hombre o en la mujer individualmente considerados. Tal semejanza es trinitaria, ya que así como en Dios hay tres Divinas Personas, en la familia humana hay también tres personas en cada terna familiar: padre y madre e hijo (o hija). Y así como el Espíritu Santo procede por vía de amor de la complementariedad y fecundidad del Padre y del Hijo, en la familia humana cada hijo procede del amor de su padre y su madre, que son complementarios y fecundos gracias a la sexualidad humana.

Todo amor humano, y más, todo amor creatural es una participación del Amor que es el Espíritu Santo; y en lo humano esa participación es principalmente la del amor complementario, y muhas veces fecundo, entre personas sexualmente diferenciadas: un hombre y una mujer. El Espíritu Santo es un fuego de Amor, como se puso de manifiesto en Pentecostés con las lenguas de fuego y con la pasión que hacía parecer que los Apóstoles estaban borrachos:

  • “Se les aparecieron unas lenguas como lenguas de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. ... Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?». Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!»” (Hechos 2, 3-13).

No hay fuego mayor que el fuego de Amor que es el Espíritu Santo. Y en el ser humano ese fuego de amor se da al máximo en lo espiritual; pero debido a la unidad de la persona humana se da también en lo corporal (donde adopta un modo pasional y puede hacer un poco más de “ruido”). Y por eso el fuego de la pasión carnal sexual es la participación, en la carne, del fuego de Amor que es el Espíritu Santo.
Sexualidad humana.
Se podría objetar –y me temo que muchos lo harán incluso indignados– que la pasión carnal sexual no es la participación, en la carne, del fuego de Amor que es el Espíritu Santo; y en favor de tal objeción se podrá recurrir al hecho de que la pasión carnal sexual se da también en las relaciones sexuales inmorales o pecaminosas. Sin embargo, este hecho de ninguna manera significa que en las relaciones sexuales inmorales la pasión sexual carnal deje de ser una participación, en la carne, del fuego de Amor que es el Espíritu Santo. Y para comprenderlo será conveniente analizar la realidad de la Protoalianza.


La Protoalianza

Llamo Protoalianza a la primera de todas las alianzas que Dios hizo con el ser humano, incluso antes del pecado original y del Protoevangelio (Génesis 3, 15) o primera buena nueva que anunciaba la futura derrota del Maligno. Se trata de una alianza que no aparece de manera explícita en el texto de la Sagrada Escritura, pero que ciertamente está ahí de manera implícita, porque si Dios no creara un alma para cada concepción humana los seres humanos no podrían ser personas ni multiplicarse conforme a la misión que Dios les dio (Génesis 1, 28). En efecto, los seres humanos tenemos alma, un espíritu –inmaterial– que nos da vida espiritual y gracias al cual podemos pensar, ser libres y amar. La Escritura lo describe de la siguiente manera:

  • Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un viviente animado(Génesis 2, 7).

El plan de Dios fue que los hombres se multiplicaran como fruto del amor conyugal de sus padres. Y por tanto, tal como se desprende de los textos del Génesis, Dios se comprometió implícitamente a crear un alma para cada concepción humana, gracias a la cual el ser humano es persona. El compromiso del ser humanode procrear y multiplicarsees impuesto por Dios; el compromiso de Dios –de crear un alma para cada concepción humana– es libre, pero es cumplido por Dios en coherencia con el compromiso que le impone al ser humano. A este mutuo compromiso es a lo que brevemente llamo Protoalianza. Y de hecho Dios respeta su compromiso, cumple con él incluso en las concepciones pecaminosas o logradas contra las leyes morales, como sucede en los casos de violación, prostitución, etcétera.
Sexualidad humana.
En
su poema El placer de servir, Gabriela Mistralpremio Nobel de literaturadice que a Diospudiera llamársele así: El que sirve. Me parece muy bien; y yo añado que también puede llamársele así: El que cumple.

Si Dios no creara un alma en los casos de coitos inmorales fecundos, tendría también que evitar la concepción, pues de otra manera se concebiría un monstruo humano, sin alma. Y para evitar la concepción tendría que obrar milagrosamente contra las normales leyes biológicas del cuerpo humano; tendría que estar interviniendo milagrosamente casi a favor o en apoyo de la inmoralidad humana. Por eso la Protoalianza se refiere a toda concepción humana, sea que tenga lugar en circunstancias morales o inmorales, y Dios cumple con tal compromiso y crea un alma humana en todos los casos. El alma de cada hijo humano debe ser creada por Dios, ya que, por ser espiritual, no proviene de los cuerpos de los padres.

De manera semejante, la pasión sexual carnal no deja de ser una participación, en la carne, del fuego de Amor que es el Espíritu Santo en ninguna de las relaciones sexuales, incluso en las inmorales. Si dejara de serlo, esa misma pasión sexual carnalque también se da en las relaciones sexuales inmoralesse explicaría por otros motivos; y esos mismos motivos explicarían esa misma pasión sexual carnal en las relaciones sexuales morales, no pecaminosas, al margen del Espíritu Santo. Y entonces el fuego del amor humano santo de toda la persona humana –alma y cuerpo– del que los hijos son fruto, no sería una participación del fuego de Amor que es el Espíritu Santo.
Sexualidad humana.
El
Espíritu Santo cumple con participar de su Amor en todo acto amoroso y en toda relación amorosa, humana o no. Y las relaciones sexuales humanas son actos amorosos por su propia naturaleza, diseñada y querida por Dios. Y dada la unidad de la persona humana, las relaciones sexuales son amorosas en lo espiritual y en lo corporal, participando en ambos aspectos del fuego de Amor que es el Espíritu Santo. Pero el ser humano, por ser libre, puede apagar el amor en lo espiritual y obrar inmoralmente; mas no puede apagar la pasión carnal, porque no tiene un completo control sobre su cuerpo, como consta porque no puede evitar a voluntad el dolor físico. Además, el ser humano no suele querer evitar la pasión sexual carnal, aunque muchas veces quiera y pueda evitar el amor.
Sexualidad humana.
Aquí tenemos el principio básico que debe orientar todo el desarrollo de una adecuada moral sexual cristiana:

  • Valor del sexo: Nunca se debe infravalorar la sexualidad humana. En todas las relaciones sexuales humanas, morales o inmorales, el fuego del amor humano, tanto el espiritual como el carnal, es una participación del fuego de Amor que es el Espíritu Santo. El ser humano, por ser libre, puede apagar el amor espiritual y obrar inmoralmente; pero no puede apagar la pasión carnal, porque no tiene un completo control sobre su cuerpo.

Es importante tener siempre presente este principio en la revisión y el desarrollo de una adecuada moral sexual cristiana. Y es también conveniente tener presente que tal revisión y desarrollo de la moral sexual se debe a, y se justifica por, el hecho de que nos encontramos en la crisis del incumplimiento: seguimos divididos en católicos, ortodoxos y protestantes; y después de dos milenios sólo hemos logrado el 0.4% de lo que Cristo nos pidió.
Sexualidad humana.
La Protoalianza tiene otras implicaciones, pero no voy a tratar de ellas en la presente serie de artículos.


El derecho humano al sexo

El tema de los derechos humanos se conoce mejor en la actualidad porque se ha venido estudiando mucho en los últimos tiempos. Los derechos humanos se derivan de la dignidad de la persona humana creada por Dios, y son irrevocables, inalienables, intransmisibles e irrenunciables. Por eso la dignidad y los derechos humanos no son gratuitamente otorgados por determinados seres humanos, ni por el Estado, ni por la Iglesia; ni se adquieren por buen comportamiento ni se pierden por mal comportamiento, sino que son inherentes a la persona humana.
Sexualidad humana.
Con el tiempo se van descubriendo más y más derechos humanos: derecho a la vida, a la educación, a la asistencia médica, a la vejez; derechos de los ciudadanos, de los niños, de las mujeres, etcétera. Y entre tantos derechos humanos podemos identificar algunos que son básicos o primarios, y describirlos de la siguiente manera.

  • Tenemos derecho a ejercer todas las facultades que Dios nos dio. Por ejemplo, y sin pretender ser exhaustivos:
  1. Dios nos dio intelecto, y tenemos derecho a pensar cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  2. Dios nos dio voluntad, y tenemos derecho a decidir y amar cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  3. Dios nos dio ojos, y tenemos derecho a ver cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  4. Dios nos dio oídos, y tenemos derecho a oír cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  5. Dios nos dio boca, y tenemos derecho a hablar y comer cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  6. Dios nos dio nariz, y tenemos derecho a oler cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  7. Dios nos dio piernas, y tenemos derecho a caminar cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  8. Dios nos dio manos, y tenemos derecho a obrar con ellas cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  9. Dios nos dio cuerpo, y tenemos derecho a sentarnos y acostarnos cuando queramos, y de hecho lo hacemos a diario.
  10. Dios nos dio genitales, y tenemos derecho a coitar cuando queramos, y podemos hacerlo a diario.
  11. Pero no, ¡no!, la moral sexual cristiana vigente dice que nunca, ¡nunca!, podemos ejercer nuestra suxualidad –coitando– sino sólo dentro del matrimonio y con apertura a la procreación.

Lo dicho en (11) de inmediato resulta atípico, extraño, raro, exagerado, rigorista, represivo, enfermizo; significa que nadie tiene derecho de ejercer su sexualidad antes de casarse, ni después de enviudar. Eso significa que los seres humanos no pueden ejercer su facultad sexual, dada por Dios, durante años y años, o aun décadas, o incluso nunca, ¡nunca!, sin excepción, si por algunas circunstancias el matrimonio no se logra. A efectos del derecho de ejercer las facultades que Dios nos dio, lo anterior sería como decir que los seres humanos sólo tienen derecho de hablar con su cónyuge, y sólo sobre temas muy específicos; y fuera de eso... a callar... ¡silencio!
Sexualidad humana.
En el primero de estos artículos,
Ética sexual no represiva, dije que el tema de la sexualidad “es tan complejo, tan complicado, tan enredoso, con tantas diversas doctrinas y puntos de vista, y con tantos intereses creados, que es preferible abordarlo completamente de nuevo, desde el principio, desde cero, o haciendo borrón y cuenta nueva, como suele decirse”.
Sexualidad humana.
Y a mayor abundamiento, ahí mismo dije también lo siguiente:

  • “El desarrollo que haré será a partir del principio del cristianismo, como si yo me trasladara a escribir inmediatamente después de la muerte del Apóstol San Juan, pero con los conocimientos que tengo en la actualidad. He elegido hacerlo así con el objeto de evitar las innumerables discusiones personales y de escuela, influencias doctrinales y diferencias que se presentan hoy al tratar el tema de la moral sexual. Pretendo iniciar la investigación del tema con mente fresca, sin tener en cuenta la interminable problemática surgida después del siglo primero”.

¿Por qué entonces he mencionado como violación a los derechos humanos, desarrollados en los últimos siglos, el problemático tema del rigorismo y la represividad de la moral sexual cristiana vigente en la actualidad? ¿Por qué no cumplir con lo anteriormente dicho? Lo he mencionado, excepcionalmente, por ser el motivo principal que justifica o explica el que yo quiera hacer los desarrollos de la moral sexual desde el principio, desde cero, como anteriormente dije. Y podrá ser que más adelante sea conveniente hacer alguna otra mención excepcional semejante, pero procuraré reducirlas al mínimo.
Sexualidad humana.
Hechas estas aclaraciones, dejemos de lado lo dicho en (11) y continuemos aquí con lo dicho en (10), anotándolo como un principio importante para el desarrollo de una adecuada moral sexual cristiana.

  • Derecho al sexo: Dios nos dio nuestra facultad sexual y tenemos derecho a ejercerla, como sucede con todas las otras facultades que Él nos dio.

Las diez facultades mencionadas arriba, que no pretenden ser exhaustivas, son de suyo buenas y santas, porque Dios se las dio al ser humano al crear en gracia a nuestros primeros padres, Adán y Eva. Pero claro, cualquiera de ellas puede ser usada mal debido a nuestra libertad. Y de hecho ellos usaron mal de su libertad y pecaron, lo que se conoce como pecado original. Y luego los seres humanos hemos seguido usando mal de nuestra libertad y hemos pecado de manera ya no original, sino personal.
Sexualidad humana.
No sabemos bien cómo hubiera sido la vida humana si no hubiera tenido lugar el pecado original; y por eso no vale mucho la pena tratar de investigarlo aquí. La vida humana se ha desarrollado a lo largo de la historia teniendo nosotros una naturaleza humana ya dañada por el pecado original. Aquí será conveniente tratar de desarrollar una moral sexual habida cuenta de nuestra naturaleza ya caída.
Sexualidad humana.
La realidad del pecado original es importante desde el punto de vista de la sexualidad porque debido al pecado original el ser humano comenzó a tener vergüenza de su desnudez, es decir, de sus órganos genitales. Y eso dio lugar a que la moral sexual se desarrollara por rumbos peculiares e incorrectos, con un cierto horror al sexo. En el siguiente artículo comenzaremos a ver y analizar este tema.


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