ESTAMOS PERDIENDO PAZ

La vida se nos ha hecho difícil (11)

Perdiendo paz.
Domingo 20 de junio de 2010.

Autor: Paulino Quevedo.
Dr. católico, filósofo, laico y casado.


Hola, amigos:

Tener paz es algo muy importante en nuestras vidas, y en este inicio del tercer milenio la estamos perdiendo a causa del aceleramiento de nuestro mundo.


Breve preartículo
Perdiendo paz.
Como se habrá podido notar, los diez artículos anteriores de esta serie fueron escritos en el año 2001, es decir, hace nueve años. Obviamente, no fueron escritos teniendo en cuenta este nuevo sitio dedicado al tema de la paz. Y lo interesante es que, aun así, dichos artículos, orientados a hacer ver que en esta época la vida se nos ha hecho difícil, me vienen muy a propósito del tema de la paz, ya que nuestra paz se deteriora cuando la vida se nos hace difícil. Y quizá también al revés: cuando nuestra paz se deteriora la vida se nos hace difícil.
Perdiendo paz.
Ya en la página de inicio de este sitio, o página Home, se mencionaba que el logro de la paz requiere del debido ensemble o armonía de diversos aspectos de nuestra vida. Pues bien, en los diez artículos anteriores de esta serie se puede apreciar el deterioro causado en nuestras vidas ante las fallas en dichos aspectos. Y claro, ese deterioro tiene como consecuencia un deterioro de nuestra paz. A continuación desgloso dichos aspectos y los artículos que tienen alguna correspondencia con ellos:
  1. Nuestra familia. Estamos perdiendo amor. Estamos perdiendo familia.
  2. Nuestra educación. Estamos perdiendo criterio. Estamos perdiendo conocimiento.
  3. Nuestro trabajo. Estamos compitiendo demasiado. Estamos perdiendo fe.
  4. Nuestra sociedad. Estamos perdiendo fe. Estamos perdiendo esperanza.
  5. Nuestro universo mundo. Estamos perdiendo esperanza. Estamos perdiendo a la persona.
  6. Nuestros valores. Estamos perdiendo moral. Estamos perdiendo esperanza.
  7. Nuestra religión. Estamos perdiendo esperanza. Estamos perdiendo a Dios.
La falta de conocimiento y de criterio nos lleva a la falta de fe y de esperanza; y la gradual pérdida de la esperanza nos conduce poco a poco a la desesperación, que nos roba la paz. Resulta, pues, que la situación actual de nuestro mundo, tan acelerado y competitivo, nos va haciendo la vida difícil y nos va robando la paz.
Perdiendo paz.
Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si se relaciona con la de los otros, que pueden encontrarse activando el vínculo que se ofrece en seguida:

La vida se nos ha hecho difícil


Cuerpo del artículo
Perdiendo paz.
Es obvio y todos comprendemos que sin paz no puede haber felicidad. La paz se orienta a la felicidad, a la dicha plena. Es tan estrecha la relación entra paz y dicha, que fácilmente nos sorprendemos anhelando la paz en sí misma. Los antiguos pensadores griegos ya habían señalado algunas falsas fuentes de felicidad: el poder, las riquezas, la fama y el placer.
Perdiendo paz.
Sin embargo, y haciendo caso omiso de aquellos sabios señalamientos, nuestro mundo se dedica a bombardearnos, a través de los medios masivos de comunicación, con infinidad de mensajes que nos quieren convencer de que lograremos la felicidad mediante esas mismas falsas fuentes: el poder, las riquezas, la fama y el placer. Hoy nos invade la cultura del tener, en oposición a la cultura del ser.


El aceleramiento de nuestro mundo
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Quizá sean las prisas, el tener prisa siempre o casi siempre, lo que nos robe la paz de manera más rápida. Es como si las prisas quisieran robarnos la paz de prisa. Y al tener prisa hacemos las cosas con menos cuidado, precipitadamente, y muchas veces las hacemos mal o menos bien de lo que quisiéramos. Y eso tiene la consecuencia de quitarnos la paz un poco después, quizás a mediano o largo plazo.
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¿A qué se debe que tengamos prisa? Ésta es una buena pregunta. Tal vez sean muchas las personas que nunca se la han hecho. Son diversas las respuestas que andan como volando en el aire. Una de ellas es que hoy está bien visto tener prisa, como si sólo por eso uno fuera una persona activa, o muy activa, con ambición de superación personal e importantes proyectos a realizar.
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Otros piensan que las prisas obedecen a la responsabilidad personal, por haber aceptado cargos de importancia para la consecución de metas de interés para muchos, ya sea en sociedades pequeñas o grandes. Y nuevamente la persona es bien vista, como generosa, por aceptar el agobio de responsabilidades que otros esquivan. Como si se siguiera el criterio de Gabriela Mistral, premio Nobel de literatura, quien decía en uno de sus poemas: Donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú. Aunque, claro, ella no pretendía que la gente anduviera con prisas.

Otros más, quizá la mayoría, opinan que las prisas se generan de un modo casi automático en un mundo sobrepoblado en el que cada vez resulta más difícil lograr casa, vestido y sustento para uno mismo y los que dependen de uno. Cada vez es más difícil conseguir trabajo, y más todavía un buen trabajo. Hoy se requieren muchos conocimientos, como haber terminado alguna carrera universitaria, e incluso alguna maestría o algún doctorado. Y así la vida se va llenando de actividades que requieren ser realizadas a determinados plazos y tiempos. Por tanto, las prisas provendrían de los tiempos, más o menos precisos, en que deben ser realizadas muchas actividades.
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La última afirmación es falsa, pese a todos los visos que tiene de ser verdadera. Así lo prueban algunas actividades que deben realizarse en tiempos tan precisos que un segundo de retraso o de adelanto sería del todo intolerable, y con todo son realizadas a tiempo por personas que no tienen prisas ni agobios, sino que se sienten felices de realizarlas en esos tiempos. Se trata de los músicos de una orquesta sinfónica.

Contra todo lo dicho a favor de las prisas está la conocida frase atribuida a Napoleón: Ponme la botas despacio, que tengo prisa. ¿O acaso Napoleón no tenía muchas cosas qué hacer? Y algo semejante sucede con muchos grandes mandatarios, como reyes, presidentes, primeros ministros, e incluso Papas; no los vemos corriendo ni con grandes prisas. ¿Por qué? ¿Cómo lo logran?
Perdiendo paz.
Lo logran porque no pretenden hacer, cada día y personalmente, más de lo que personalmente pueden; ya sea porque deciden reducir sus actividades, ya sea porque saben delegar debidamente. Pero hay actividades que no deben ser suprimidas, como dormir; y las hay que no deben ser delegadas, como atender conyugalmente a la propia esposa; y también las hay que no deben ser suprimidas ni delegadas, como el prepararse a bien morir.

En síntesis, cada quien debe decidir cuáles son las actividades que pretende realizar personalmente cada día, a fin de poder realizarlas bien y vivir en paz. Y las demás, tendrá que suprimirlas o delegarlas. Hacer esto es parte importante del saber vivir.


Sin defensa ante los medios
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Lamentablemente los medios masivos de comunicación nos bombardean continuamente con feroces mensajes publicitarios de tipo consumista: compre esto, compre aquello, esto es mejor y más barato, ahorre comprando, viaje ahora y pague después, etcétera, etcétera. Y claro, la gente muerde el anzuelo y se endeuda comprando, sobre todo con las tarjetas de crédito. La consecuencia es que después, para poder pagar, hay que trabajar más, o conseguir un segundo trabajo, y así aparecen las prisas y los agobios, y la pérdida de paz; o hará falta que la esposa también trabaje, aunque haya que enviar a los hijos pequeños a una guardería y los pobrecitos tengan que padecer la carencia del amor materno.

Los medios de comunicación también difunden la idea de que la calidad de vida consiste en tener muchas cosas: buena casa, o varias casas (en el mar, en la montaña, en el extranjero, etcétera); vestir ropa de marca y frecuentar buenos restaurantes; buenos autos, y nuevos, de preferencia uno para miembro de la familia que ya esté en edad de conducir; muchos viajes, para ir conociendo las principales partes del mundo; veleros, avionetas, etcétera. Los medios difunden la cultura del tener con absoluta preferencia a la cultura del ser. El consumismo no tiene límites, no tiene llenadero.
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Los medios también mantienen embrutecido al pueblo, muchas veces en colaboración con los gobiernos, mediante programas que parecen destinados precisamente a esa finalidad. En efecto, un pueblo embrutecido es más fácil de mangonear. Los medios tienen embrutecidos a los hombres mediante grandes espectáculos de competencias deportivas, a las mujeres con telenovelas y a los niños con caricaturas. Y estos tres tipos de programas refuerzan el consumismo publicitario, pues suelen estar patrocinados publicitariamente. Y también promueven temas escandalosos, inmorales o amarillistas, que siempre son "noticia" y aumentan el rating y las ganancias económicas. Cabe decir que tal vez los medios no busquen directamente el daño social, sino sólo el dinero, aunque esto redunde en el daño social.

Mas lo peor de todo es que la gente, con pocas excepciones, no tiene forma de defenderse del mencionado bombardeo proveniente de los medios de comunicación. Por eso la opinión pública, en general, y también la opinión de la mayoría de las personas termina por conformarse a lo difundido por los medios. Lo cual no significa que haya una opinión única, dado que los medios mismos promueven la diversidad de opiniones en pugna, de forma competitiva y "democrática", lo cual también mejora el rating y las utilidades. De tal manera las personas van "formando" su "propio criterio" en base a discusiones en las que tratan de hacer prevalecer algunas de las diversas opciones que los medios les proponen. En resumen, las personas acaban por no tener opinión propia real, ni criterio, y se reducen a repetir y discutir sin fundamentos sólidos sobre las opciones ofrecidas por los medios.
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Así hemos llegado a tener una sociedad sin criterio y sin capacidad crítica, porque la gente no estudia los temas humanos fundamentales, porque no lee y porque no piensa; y cuando piensa piensa mal, porque no sabe razonar. Es triste, muy triste, pero ésa es la situación de nuestro mundo actual, al menos como tónica general. Y por eso el mundo anda tan mal.


Problemas provenientes de lo establecido
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El hombre es un ser naturalmente social, y por ello desea ser bien considerado y aceptado en la sociedad a la que pertenece, desde la pequeña sociedad del grupo de personas directamente conocidas, como parientes, amigos y colegas, hasta la gran sociedad mundial, pasando por diversas sociedades intermedias. Quiere ser tratado con respeto, estar en las listas de invitados, que sus opiniones sean escuchadas y bien consideradas, tener un buen trabajo, ser económicamente solvente, tener buen crédito, etcétera. Todo esto es natural para el ser humano.

Pero todo lo anterior se facilita mucho si uno acepta y se adapta a lo que está socialmente establecido, como las normas de urbanidad y muchas otras cosas. Y la gama de todas esas otras cosas en enorme. Podríamos decir que en todas las actividades humanas se van estableciendo algunas de esas cosas. Sin duda se han venido estableciendo en los aspectos importantes para lograr la paz mencionados arriba: en lo familiar, lo educativo, laboral, social, mundial, axiológico y religioso.
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De otra parte, en lo que va quedando establecido siempre se van infiltrando muchos errores. Y esto en gran medida se debe al egoísmo humano. No todos somos marcadamente egoístas, pero todos tenemos algo de egoísmo. De cualquier forma, el egoísmo es un vicio muy negativo. Se ha dicho que una persona egoísta es capaz de quemar la casa de su vecino para freírse un huevo. También se ha dicho que hay suficiente para todos, pero que no hay suficiente para una sola persona egoísta.
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Hay suficiente para todos porque el destino universal de los bienes nos dice que Dios hizo los bienes de este mundo para beneficio de todos. Pero en poco tiempo esos bienes fueron quedando en manos de unos pocos, y esa tendencia sigue en aumento hasta el día de hoy. El marcado egoísmo de algunos se caracteriza por un desmedido afán de poder y de riquezas, que al paso del tiempo ellos han ido acaparando. Y entonces, esos ricos y poderosos han ido estableciendo costumbres y leyes que los favorecen a ellos, y que favorecen el que puedan seguir acaparando más y más poder y más y más riquezas.

Un ejemplo de lo anterior es que haya quedado establecida y aceptada la ley de la oferta y la demanda: los precios de las cosas aumentan cuando aumenta su demanda. Cuando muchos necesitan determinado producto o servicio, quienes lo ofrecen aumentan el precio, aprovechándose de la necesidad ajena, de una forma obviamente egoísta. El ejemplo se aclara más si lo miramos en el caso de las medicinas. Las medicinas son muy caras porque los que las venden se aprovechan del dolor humano para ganar dinero. Otro ejemplo es que los ricos pueden comprar barato lo mismo que los pobres tienen que comprar caro. Los ricos ganan intereses prestando su dinero sin tener que trabajar, mientras que los pobres tienen que pedir dinero prestado y pagar intereses para poder trabajar. En fin, las cosas están establecidas para que los ricos se hagan cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres; en lo cual hay, obviamente, muchos errores.


Necesidad de tener capacidad de crítica y de autocrítica
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Lo anterior fueron algunos ejemplos de cómo se han infiltrado errores en el campo de lo económico; pero fácilmente se pueden reconocer errores que se han infiltrado en los otros aspectos principales que nos interesan. En lo familiar se han introducido los errores del divorcio y de todas las formas que atentan contra la estabilidad y unidad familiar. En lo educativo están las negativas consecuencias de las fallas escolares, debido al odioso sistema escolar de exámenes y calificaciones. En lo laboral tenemos la competitividad feroz y las enormes diferencias de ingresos entre los de arriba y los de abajo en las empresas. En lo social están las diferencias sociales, las injusticias judiciales, la democracia de partidos políticos en pugna, que ven más por sus propios intereses que por el bien común. En lo mundial tenemos guerras, guerrillas y terrorismo, la fabricación de armas y las falsas justificaciones que se dan de todo eso. En lo referente a los valores hoy se proponen muchos de los errores arriba mencionados, y otros, como si fueran valores auténticos. Y en lo religioso está el indiferentismo y el ateísmo práctico, como si Dios no existiera o como si su existencia y actuación dependieran de nuestros personales gustos y modos de pensar.
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Y claro, la anterior no pretende ser una lista exhaustiva de los errores infiltrados y establecidos en los aspectos importantes de nuestras vidas, sino sólo una lista de pocos ejemplos, a modo de muestra. Para lograr la paz hay que ir descubriendo y desenmascarando, al principio al menos sólo a nuestros propios ojos, todos los errores establecidos que afectan dichos aspectos principales de nuestras vidas, en la medida de lo posible. Y eso implica apertura de mente, honestidad personal, determinación y valentía, porque muchos de tales errores, ya establecidos, han sido considerados como costumbres buenas o como verdades plenamente aceptadas por nosotros, por nuestros padres y nuestros abuelos, y también por la sociedad en que vivimos. Dicho en breve, se requiere tener capacidad de crítica y de autocrítica.
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Y si hace falta determinación y valentía para reconocerlos y desenmascararlos en lo personal, hace falta más determinación y valentía para empezar a corregirlos en lo personal, para luego pasar a darlos a conocer a los demás y ayudar a que ellos también los reconozcan y los corrijan. Se trata de una labor muy delicada que hay que llevar a cabo con mucho tacto, sin juzgar a los demás y poniendo mucho cuidado en que ellos no se sientan juzgados por nosotros. Sólo así se podrá ir construyendo la paz, primero personal, y luego familiar y social.
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¿Cómo poder ir logrando todo eso? Obviamente el presente artículo no pretende ni es el lugar para decirlo. Aquí tan sólo se quiere señalar el tema de la paz y de lo que hay que afrontar a fin de lograrla. El lugar para decirlo, al menos en la medida de mis posibilidades, y de quienes vayan colaborando, es este sitio de internet, cuyo nombre es precisamente paz-cristiana-ensemble, donde se pretende ir señalando todo lo que hay que ensamblar o armonizar a fin de ir logrando la paz. Espero que tal cometido pueda irse logrando y que sea de utilidad para muchos.






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Advertencia

Este sitio web busca la paz, primero personal y luego social. Procura descubrir y corregir los errores que se han establecido en los principales aspectos de nuestras vidas: política, moral, valores, religión, etc. Esto puede verse como algo agresivo, sin que lo sea en realidad. Importa mucho leer con mente amplia y sin prejuicios, con una actitud crítica y constructiva.