CONSECUENCIAS DE LA FALSA INFALIBILIDAD

No te enojes con la Iglesia (11)


Falsa infalibilidad.
Domingo 24 de octubre de 2004.

Autor: Paulino Quevedo.
Dr. católico, filósofo, laico y casado.


Hola, amigos:

Lo que Cristo dejó en su Iglesia, lo divino, es perfecto e infalible. Todo lo demás es falible, y tarde o temprano se deja ver.


Breve preartículo
Falsa infalibilidad.
En el artículo anterior de esta serie vimos que los anatemas se han confundido con definiciones dogmáticas en la historia de la Iglesia (inciso 12 de la lista de aquí abajo), y como ejemplo revisamos el caso del anatema que se dio en el Concilio de Trento contra el que dijera que el estado de celibato apostólico o por amor al Reino de los Cielos —al que a mí me gusta llamar celibato real, de realeza— no es superior al estado de matrimonio (inciso 13); y también cómo el Papa Pío XII consideró ese anatema como si fuera una solemne definición de un dogma de fe divina. En seguida reproduzco ambos textos, el de Pío XII y el de Trento:Falsa infalibilidad.

    "Esta doctrina, que establece las ventajas y excelencias de la virginidad y del celibato sobre el matrimonio, ya fue puesta de manifiesto por el Divino Redentor y por el Apóstol de las Gentes, según más arriba dijimos. Y, asimismo, en el Concilio de Trento fue solemnemente definida como dogma de fe divina".

    Pío XII, Sacra virginitas, n. 32 de la versión en inglés. Referencia al Concilio de Trento, sesión 24, canon 10.

    "Si alguno dijere que el estado conyugal debe anteponerse al estado de virginidad o de celibato, y que no es mejor y más perfecto permanecer en virginidad o celibato que unirse en matrimonio (cf. Mt. 19, 11 s; 1 Cor. 7, 25 s, 38 y 40), sea anatema".

    Denz., n. 980; Denz.-Sch., n. 1810. Del Concilio de Trento, sesión 24, canon 10).

Debe notarse que el celibato va implícito en la virginidad. En el artículo precedente también se dijo que en la Iglesia es de gravísima importancia lograr que se cierre toda posibilidad de que llegue a considerarse como dogma de fe lo que no haya sido definido infaliblemente; y que no es razonable que se infravalore el matrimonio a fin de alabar el celibato, tema del que trataría el siguiente artículo. Trataremos, pues, de lo prometido, en el presente artículo.
Falsa infalibilidad.
Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si se relaciona con la de los otros, que pueden encontrarse activando el vínculo que se ofrece en seguida:

No te enojes con la IglesiaFalsa infalibilidad.


Cuerpo del artículoFalsa infalibilidad.
Falsa infalibilidad.
Aquí, en el inicio del cuerpo del artículo, lo mismo en éste que en los siguientes artículos de esta serie, reproduciré, para tenerla a la vista, la lista de 20 males que representativamente se han dado en la Iglesia a lo largo de su historia; lista que fue elaborada en el artículo Algunos males que se han dado en la Iglesia. De esta forma será más fácil referirse a cualquiera de ellos, por el número que ocupa en la lista, siempre que sea conveniente. He aquí la reproducción de la lista:Falsa infalibilidad.
  1. Ya entre los Apóstoles, Judas traicionó al Señor, Pedro lo negó y todos lo abandonaron en la Cruz, excepto Juan.
  2. Aparecieron las herejías.
  3. Los Pastores adquirieron poder temporal.
  4. Los Pastores adquirieron riquezas y tierras.
  5. Se permitió que el pueblo fiel permaneciera en el analfabetismo, a pesar de que éste no existiera en el pueblo hebreo.
  6. La obra redentora dejó de enfocarse de manera antropocéntrica, porque equivocadamente la fueron enfocando de manera sacrocéntrica, y todo se fue haciendo difícil.
  7. La moral se fue haciendo rigorista y represiva, y también laxa; sobre todo rigorista y represiva en lo sexual, y laxa en lo referente a las riquezas.
  8. Los Pastores provocaron los dos grandes cismas, el de Oriente y el de Occidente.
  9. La Santa Sede adquirió ejércitos.
  10. Se lanzaron las Cruzadas.
  11. Se lanzó la Inquisición y millares de personas murieron en la hoguera.
  12. Los anatemas se usaron profusamente y se confundieron con definiciones dogmáticas, que son infalibles; y por eso se consideraron como infalibles algunas enseñanzas que no lo eran.
  13. Los Pastores implícitamente se declararon superiores a los simples fieles, anatematizando al que dijera que el celibato no es superior al matrimonio.
  14. Las facultades de Teología estuvieron cerradas a las mujeres y a los laicos prácticamente hasta el tiempo del Concilio Vaticano II.
  15. Se abrió la posibilidad de anular matrimonios en cantidades escandalosas; y muchas de esas anulaciones son verdaderos divorcios disfrazados, que han destrozado multitud de familias cristianas.
  16. Se han atropellado algunos derechos humanos, como el de libertad religiosa, el de opinión, el de expresión y el derecho a la información.
  17. Muchos Pastores se han hecho prepotentes, se han otorgado fueros a sí mismos y, entre ellos y el clero en general, han cometido muchos abusos y dado muchos escándalos.
  18. Se ha permitido, y hasta favorecido, la pena de muerte y la llamada guerra justa.
  19. La investigación teológica está en la actitud de "la bien pagada", exagerando el valor del tomismo y arrastrando doctrinas teológicas que hoy son insostenibles.
  20. Consecuencia del inciso anterior es el desprestigio de la Teología en el mundo científico de hoy.

Hay que reconocer que Pío XII por lo menos exageró muchoFalsa infalibilidad.
Falsa infalibilidad.
Como puede verse arriba, en los textos del preartículo, Pío XII no sólo exageró mucho, sino que en realidad dijo algo falso. Al revisar los textos de Trento podemos comprobar que ahí no hay una definición dogmática, sino sólo un anatema, que es algo muy distinto. Es muy extraño que Pío XII haya dicho lo que dijo, sobre todo después de la doctrina referente a la infalibilidad pontificia, dada en el Concilio Vaticano I, y a la definición dogmática correspondiente. Si Pío XII lo hubiera querido, él mismo habría podido intentar definir dogmáticamente la doctrina en cuestión; pero no lo hizo. No conocemos con certeza los motivos que Pío XII pudo tener, pero lo seguro es esto: el pasado fue objetivamente como fue —en Trento no hay tal definición infalible—, y no deja de haber sido así aunque lo diga un Papa: los Papas no pueden cambiar la historia.
Falsa infalibilidad.
Pero lo más notable del asunto es que dicha exageración no es la única, sino que en la Sacra virginitas hay otras exageraciones, casi todas derivadas de un tono laudatorio de la virginidad y el celibato. Podría decirse que la Sacra virginitas intenta probar demasiado. En efecto, si se hubieran ofrecido argumentos más sólidos no se habría sentido la necesidad de exagerar a fin de defender y exaltar la virginidad y el celibato. Todo hace pensar, por tanto, que no se disponía de argumentos más sólidos. A modo de ejemplo, consideremos una de las exageraciones mencionadas, referente a lo que las manos virginales hacen por el prójimo:Falsa infalibilidad.
    "Y así es como el niño, luego de nacer, encuentra frecuentemente manos virginales que lo acogen sin que le falte nada de cuanto el más intenso amor maternal podría darle" (Sacra virginitas, n. 26 de la versión en inglés).
Si así fuera, nacido el niño, las madres naturales saldrían sobrando. El hecho es que estas expresiones han logrado un efecto contraproducente: ¡a ninguna madre le gusta que le digan eso! Y hay razón de que no le guste, porque no es verdad. Pero además del tono laudatorio usado al hablar de la virginidad y del celibato, en la Sacra virginitas suele hablarse del matrimonio en tono peyorativo, diciendo que los que renuncian al matrimonio lo hacen renunciando, no al privilegio de darle hijos a Dios siendo procreadores junto con Él, sino renunciando a los placeres de la carne y la concupiscencia carnal; y en alguna ocasión mencionando a los casados junto a quienes se hallan sumergidos en el cieno de los vicios. He aquí algunos de dichos pasajes:Falsa infalibilidad.

    "...todos tienen de común entre sí el haberse comprometido a abstenerse para siempre, por amor de Dios, de los placeres de la carne" (Pío XII, Sacra virginitas, n. 5).

    "... renuncian por completo, o de propósito o por voto privado, al matrimonio y a los placeres de la carne a fin de poder servir más libremente a su prójimo y unirse a Dios más fácil e íntimamente" (n. 6).

    "El Divino Maestro alude no ya a los impedimentos físicos para el matrimonio, sino a la decisión libre y voluntaria de abstenerse para siempre de las bodas y de los placeres del cuerpo" (n. 11).

    "... las que se hayan dedicado a Cristo, apartándose de la concupiscencia carnal, se entreguen a Dios tanto en el espíritu como en la carne..." (n. 16; citando a San Cipriano, De habitu virginum 4, PL 4, 443).

    "En efecto, clara e imperiosa se les impone la ley del matrimonio: Serán dos en una sola carne" (n. 20; Gen. 2, 24; cf. Mat. 19, 5).

    "Según la expresión del Doctor Angélico, el uso del matrimonio impide que el alma se entregue totalmente al servicio de Dios" (n. 21; S. Th. 2. 2ae. q. 186, a. 4).

    "Y así los casados, y aun quienes en el cieno de los vicios se hallan sumergidos, admiran con frecuencia —cuando ven a las vírgenes— el resplandor de su blanca pureza y sienten deseos de conseguir aquel ideal que supera al deleite de los sentidos" (n. 29).

    "A fin de que existan almas más sublimes que, desdeñando la unión carnal del hombre y de la mujer, desearan el misterio que en ella está recóndito, y, en vez de imitar lo que es propio del matrimonio, amen lo que por él se halla simbolizado" (n. 30; citando el Pontificale Romanum: De benedictione et consecratione virginum).

    Los textos anteriores de la Sacra virginitas, de Pío XII, son de la edición de Acción Católica Española, Madrid, 1962. Los números de las citas son de la versión vaticana de Internet, en inglés, ya que ahí todavía no aparece la versión española.

Estos textos dejan entrever una actitud, no muy lejana, de tolerar el matrimonio en la vida de la Iglesia, aunque se reconozca que es un sacramento. ¿Por qué las almas han de ser más sublimes si desdeñan la unión carnal del hombre y la mujer? ¿Por qué la unión carnal del hombre y la mujer, planeada y querida por Dios, ha de ser desdeñable? ¿Acaso esas sublimes almas y personas humanas nacieron por generación espontánea? La maravillosa y amorosa ley procreadora del matrimonio, serán dos en una carne, se presenta peyorativamente como una imperiosa ley que es impuesta a los cónyuges. Se cita a Santo Tomás de Aquino en uno de sus pasajes más desafortunados, al decir que el uso del matrimonio impide que el alma se entregue totalmente al servicio de Dios. Entonces, ¿resulta que hay un sacramento que obstaculiza la entrega del hombre a Dios? ¡Insostenible! Las formas de expresión y las citas escogidas son muy parciales: muy favorables al celibato y muy desfavorables al matrimonio.


Posibles motivos que Pío XII pudo tenerFalsa infalibilidad.
Falsa infalibilidad.
Me resulta personalmente violento decir todo esto, aunque se trate de una crítica constructiva. Nunca lo dije antes de tener algo mejor qué ofrecer; lo dije hace algunos años en mi obra sobre San José —y lo envié al Papa— porque tuve ya algo mejor qué ofrecer, como veremos en el siguiente artículo. Es importante procurar ofrecer algo mejor porque hasta hoy sigue en vigor la misma doctrina discriminatoria de la vocación matrimonial, aunque las formas de expresión se hayan suavizado después del Concilio Vaticano II y de la reconsideración de la vocación laical. Presentar la vida matrimonial como un estado de vida inferior al celibato, como si fuera para personas menos generosas, en la práctica equivale a una permisión —casi a una invitación— para vivirla con poca generosidad o mediocremente, tal como en la actualidad la están viviendo las grandes mayorías.
Falsa infalibilidad.
Desde otro punto de vista, se puede hacer aun más, ya que es posible encontrar algunos motivos que pudo tener Pío XII para decir lo que dijo. Hay un texto de Santo Tomás que es muy iluminador a este respecto, donde, hablando de la Eucaristía, dice lo siguiente:Falsa infalibilidad.
    "Y aunque el poder divino obre en este sacramento de una manera más sublime y oculta de la que el hombre pudiera descubrir, sin embargo, para que no parezca imposible a los infieles la doctrina de la Iglesia sobre este sacramento, hay que esforzarse de modo que cualquier imposibilidad que se presente sea excluida" (Santo Tomás de Aquino, Summa Contra Gentiles, l. 4, c. 63).
El texto es verdaderamente encantador, y de una frescura propia de una mente inocente y limpia, pues viene a decir esto: Aunque no entendamos... ¡hay que hacer lo que se pueda!... en beneficio de los infieles. Esta forma de razonar y de hacer Teología estaba permitida en tiempos del Aquinate, así como estaba permitido no sólo apuntalar el edificio teológico, sino también resanarlo, a fin de que las Sumas quedaran completas y bonitas. Tales procedimientos científicos ya no se permiten hoy, ni se permitían en 1954, cuando Pío XII escribió la Sacra virginitas. Pero a todos nos puede suceder que en situaciones difíciles volvamos a los procedimientos que nos dieron seguridad en tiempos pasados.
Falsa infalibilidad.
¿Por qué no ha de poder sucederle eso mismo también a los Papas, aunque sea en muy raras ocasiones? ¡Ellos también son humanos! Yo pienso que eso le sucedió a Pío XII, y de tal forma intento disculparlo. Cuando vio declinar la estimación del celibato y de la virginidad, de cuyo valor estaba —con verdad— íntimamente convencido, y ante la responsabilidad de dar la doctrina cristiana a todos los fieles sin disponer todavía de los desarrollos teológicos pertinentes, y también en beneficio de los infieles... ¡se esforzó e hizo todo lo que pudo!, como piensa Santo Tomás; se cogió de un anatema del pasado —como de un clavo ardiendo— y lo tomó como dogma de fe volviendo al estilo en que los Papas se podían mover con sensación de seguridad antes de la doctrina de la infalibilidad dada en el Concilio Vaticano I.


La inagotable riqueza de la voluntad divinaFalsa infalibilidad.
Falsa infalibilidad.
Sin embargo, los dogmas son los dogmas, los anatemas son los anatemas, y la verdad es la verdad. Es difícil que el hombre pueda hacer algo mejor que cumplir amorosa y obedientemente la misión que Dios le dio desde el momento mismo de crearlo. Esta original voluntad divina no ha sido suficientemente explorada, ni teológicamente agotada en toda su riqueza. Los célibes se dedican a una vida activa o contemplativa, o a ambas, en beneficio de los otros miembros del Cuerpo Místico que es la Iglesia; lo cual sería imposible si esos otros miembros no existieran, y si los célibes mismos no hubieran nacido... ¡gracias al matrimonio!, conforme al designio divino. Dios diseñó y quiso el matrimonio de primer intento, desde antes del pecado original.
Falsa infalibilidad.
No es nada claro por qué haya de ser mejor que alguien célibe sirva y ame a Dios catequizando infieles, por encima de que alguien casado sirva y ame a Dios catequizando y educando cristianamente a sus propios hijos, que tampoco nacen ya bautizados, ni catequizados, ni cristianamente educados. Si todos hicieran esto, no habría infieles a quiénes catequizar.
Falsa infalibilidad.
Y tampoco es claro que sea lo mejor o más perfecto el que alguien célibe dedique su tiempo a orar y alabar a Dios en un alto porcentaje —pues tiene que dormir, asearse y otros menesteres— a costa de que otros tengan que vivir en menor perfección —casados o no— a fin de poder servirlo haciéndole de comer, lavándole su ropa, limpiándole su casa y mediante muchos otros servicios... mientras él se dedica tranquilamente a orar. Eso sería una esclavitud y un despotismo espiritual... a menos que... la vida dedicada al trabajo en esos servicios pueda ser de igual valor y perfección, y que el trabajo mismo pueda ser oración, aunque sean una vida y un trabajo de personas casadas.


Consecuencias de la supuesta inferioridad de los casadosFalsa infalibilidad.
Falsa infalibilidad.
La supuesta inferioridad de los casados —del presente ejemplo extremo, en que intervienen un concilio ecuménico y un Papa en una supuesta definición infalible— ha tenido desde antiguo terribles consecuencias en la vida de la Iglesia. Desde los primeros siglos del cristianismo, quizá desde la aparición de las comunidades de vírgenes y monjes —considerados como modelo y prototipo de la entrega total a Dios—, la vida del resto de los fieles comenzó a verse como una forma de vida menos entregada, cada vez más como propia de los poco generosos, es decir, de los que no están dispuestos a renunciar a los placeres de la carne. Las mencionadas terribles consecuencias, entre otras, han sido las que se mencionan a continuación:Falsa infalibilidad.
  • Pareció normal que el común pueblo fiel permaneciera en el analfabetismo y en la ignorancia (inciso 5 de la lista de arriba) y que posteriormente tuviera cerradas las puertas de las facultades de Teología (inciso 14).

  • Lo anterior facilitó el que los simples fieles tuvieran que consultarlo casi todo, y que de este modo los Pastores y el clero fueran adquiriendo peculiares formas de poder, derivadas de la superioridad del conocimiento sobre la ignorancia (17). Ésta fue quizá la base para que los enemigos de la Iglesia la acusaran de controlar las conciencias del pueblo.

  • Todo lo anterior propició el que se atropellaran algunos derechos humanos del pueblo fiel, como el de libertad religiosa, el de opinión, el de expresión y el derecho a la información (16).

  • Los laicos dejaron de ser aprovechados como la más numerosa fuerza pastoral de la Iglesia (el 99.6%); es decir, sólo se aprovecha el 0.4% de dicha fuera evangelizadora, calculado en base a estadísticas del Anuario Pontificio 2003, que le fue presentado al Papa el 8 de febrero de 2003 (los datos se refieren al año 2001; ver mi artículo El nuevo aliento de otra Navidad). Resultado de lo cual es que hoy, dos milenios después de Cristo, no hemos llegado a bautizar ni siquiera al 20% de la población mundial.

Las consecuencias que se acaban de mencionar representan muchos males. Falta coherencia entre la espiritualidad de los laicos y la llamada universal a la santidad, enseñadas en el Concilio Vaticano II, y esa extraña tradición de que el matrimonio es un estado de vida inferior al estado de celibato. Y nuevamente, Dios permite todos esos males a fin de lograr la mejor Iglesia posible, porque quiere que tenga todos los bienes, aunque haya que arrastrar muchos males. Pero tendemos a rebelarnos ante la presencia de males que Dios podría evitar, y nos sentimos tentados a preguntar: ¿qué bienes se logran con los males mencionados?
Falsa infalibilidad.
Así como las creaturas no podemos amar a toda nuestra capacidad si no tenemos la experiencia del perdón —y por tanto sin la presencia de males—, tampoco podemos entender nuestra total necesidad y dependencia de Dios si no tenemos la experiencia de nuestra propia impotencia: "Sin mí no podéis hacer nada" (Juan 15, 5). Hoy estamos viendo cómo el hombre, apenas tiene un poco de tecnología, de inmediato intenta construir una civilización sin Dios. Por eso Cristo se fue al Cielo y dejó la Iglesia en nuestras manos, para hacernos humildes, para que entendamos que sin Él nada podemos hacer, tampoco en la Iglesia, y por eso permite todos los males mencionados... y muchos más.








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