Exegesis logica.
ALGUNOS ASPECTOS LOGICOS DE LA EXEGESIS

No te enojes con la Iglesia (13)


Exegesis logica.
Domingo 7 de noviembre de 2004.

Autor: Paulino Quevedo.
Dr. católico, filósofo, laico y casado.


Hola, amigos:

Los textos de San Pablo no nos ofrecen un fundamento sólido de que la superioridad del celibato sobre el matrimonio esté revelada por Dios.


Breve preartículo
Exegesis logica.
En los artículos 10 a 12 de la presente serie he desarrollado el tema de que la famosa superioridad del estado de celibato sobre el de matrimonio no tiene bases sólidas, al menos hasta la fecha, para ser reconocida como una doctrina revelada por Dios. Vimos que en su encíclica Sacra virginitas Pío XII dice que tal doctrina en el Concilio de Trento fue solemnemente definida como dogma de fe divina, cuando, en realidad, en Trento no hay tal definición, sino un anatema, que de ninguna manera es una definición infalible de doma de fe alguno. Asimismo vimos que Pío XII también dice que esta doctrina ya fue puesta de manifiesto por el Divino Redentor y por el Apóstol de las Gentes.
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En el artículo anterior, el 12, vimos el texto del Evangelio de San Mateo, donde Cristo habla de que hay eunucos —o célibes— que se han hecho tales a sí mismos por el Reino de los Cielos; pero Cristo no dice que el celibato sea superior al matrimonio. Sin embargo, en el artículo anterior sólo vimos brevemente los pasajes de San Pablo citados en el anatema de Trento. Pío XII cita otros pasajes, pues son las cartas del Apóstol de las Gentes las que más se usan para tratar de fundamentar la doctrina de que el celibato es superior al matrimonio. Todo lo cual pide que en el presente artículo hagamos un poco de exégesis sobre los textos pertinentes de San Pablo.
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Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si se relaciona con la de los otros, que pueden encontrarse activando el vínculo que se ofrece en seguida:

No te enojes con la IglesiaExegesis logica.


Cuerpo del artículoExegesis logica.
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No voy a reproducir en este artículo, excepcionalmente y para no hacerlo muy largo, la lista de 20 males que fue elaborada en el artículo Algunos males que se han dado en la Iglesia, pues en esta ocasión no nos será de utilidad, ya que nos centraremos en la exégesis de los textos de San Pablo.
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Pasemos al análisis del primero de los textos paulinos citados en la Sacra virginitas en favor de la superioridad del celibato real —de realeza— sobre el matrimonio. El texto es muy interesante, porque nos dará oportunidad de mencionar algunos aspectos lógicos de la exégesis, sobre todo porque San Pablo hace una clara distinción entre lo que él quisiera y lo que es precepto no suyo, sino del Señor:
    "Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene de Dios su propia gracia: éste, una; aquél, otra. Sin embargo, a los no casados y a las viudas les digo que les es mejor permanecer como yo. Pero si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse. Cuanto a los casados, precepto es no mío, sino del Señor, que la mujer no se separe del marido, y de separarse, que no vuelva a casarse o se reconcilie con el marido y que el marido no repudie a su mujer" (1 Corintios 7, 7-11. Las itálicas son mías).
El análisis del presente pasaje de San Pablo es complejo; pero él mismo nos da algunas claves para su recta interpretación, pues nos dice lo que es de él y lo que es del Señor. De una parte, es un párrafo de una carta que el Apóstol —el hagiógrafo— dirigió a los cristianos de una ciudad determinada y en un tiempo determinado, que además estaba marcado por la urgencia de una rápida difusión del cristianismo. De otra parte, todo el texto, incluidas todas sus partes, pertenece a la Sagrada Escritura; y por tanto tiene a Dios como autor principal y goza de la global inerrancia de la Sagrada Escritura. Por tal motivo, el contenido del texto va dirigido muy especialmente a los cristianos de una comunidad de la ciudad de Corinto, y a la vez está dirigido a todos los cristianos de todos los tiempos, y aun a todos los hombres, al menos a los de buena voluntad.


Hay que tener en cuenta las proposiciones subordinadasExegesis logica.
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Debemos tener en consideración que Dios nos está diciendo en la Sagrada Escritura, por pluma de San Pablo, tanto cosas que son de Dios —del Señor— como cosas que son de San Pablo; y que puede darse el caso de que San Pablo —Pablo— yerre, sin que por eso yerre la Sagrada Escritura, ni Dios. La Escritura también afirma lo siguiente: "Dice en su corazón el necio: «No hay Dios»" (Salmos 14, 1). Yerra el necio al decir que no hay Dios, pero no yerra la Escritura, porque la Escritura no dice no hay Dios, sino el necio dice que no hay Dios. La Escritura cita al necio, y al citarlo dice verdad, porque es verdad que el necio dice que no hay Dios.
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En la Escritura están presentes Dios, el hagiógrafo, y lo dicho por ellos; y dentro de lo dicho por ellos puede ser que se cite a alguien más, y que se diga lo que ese otro dice; y ese otro puede citar a alguien más, y así sucesivamente. Se trata de la naturaleza misma de la comunicación y del lenguaje, ni más ni menos, en donde puede haber proposiciones subordinadas; y es bien sabido que cada proposición afirma o niega lo que ella misma dice, y no lo que dicen las proposiciones subordinadas a ella. En el caso mencionado el hagiógrafo cita al necio refiriendo las necedades que éste dice; pero el hagiógrafo también podría citar a alguien que dijera verdad. Mas en ninguno de los dos casos la inerrancia de la Escritura abarcaría lo que dice la persona citada por el hagiógrafo, porque se trata de una proposición subordinada a la proposición principal de la Escritura.
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Pues bien, puede suceder que el hagiógrafo se cite a sí mismo, que es lo que sucede en muchos textos del Apóstol Pablo: Pablo se cita a sí mismo: Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo. ¿Qué sucede en este caso?, ¿hasta dónde llega la inerrancia de la Escritura? Pablo no es un necio, pero personalmente puede errar, aunque como hagiógrafo no pueda errar. ¿Qué sucede entonces? Consideremos atentamente las siguientes proposiciones, en las que el Apóstol Juan se cita a sí mismo:

a) "Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor!" (Juan 21, 7).
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b) Juan dijo a Pedro: ¡Es el Señor!
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b') ¡Es el Señor!
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Sabemos que Juan se refería a sí mismo como el discípulo a quien Jesús amaba; y que, por tanto, la proposición (b) es equivalente a la proposición (a), dado que aquel discípulo a quien amaba Jesús es un nombre descriptivo de Juan. Trabajemos entonces con (b), debido a su sencillez. La proposición principal, afirmada por la Escritura, es (b); y (b') está contenida en (b) como una proposición subordinada. Señalaremos las proposiciones subordinadas con un apóstrofo sobre la misma letra que llevan las proposiciones a las cuales están subordinadas, que son las principales. Por tanto, la proposición (b') no es afirmada por la Escritura, sino por Juan; del mismo modo que la proposición "No hay Dios" no es afirmada por la Escritura, sino por el necio. Pero en este caso la proposición (b') es afirmada por Juan, que es el hagiógrafo, y no un necio. ¿Goza la proposición (b') de la inerrancia de la Escritura? Gozaría de ella si Juan la hubiera dicho obrando como hagiógrafo, inspirado por Dios. Pero Juan la dijo en un momento en que no estaba obrando como hagiógrafo, porque la dijo hablando con Pedro en la barca, mientras miraba al Señor en la orilla. Aun así, (b') es verdadera, pero su verdad depende sólo de las naturales facultades cognoscitivas de Juan.
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Consideremos ahora las siguientes proposiciones en que Mateo y Juan hablan de Pedro, y en que Mateo habla de Isaías, y donde todos ellos son hagiógrafos, tanto los mencionados como los que hablan de ellos:

c) "Pedro le dijo: Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré" (Mateo 26, 35).

c') Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.

d) "Pedro ... le respondió: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo" (Juan 21, 17).

d') Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.

e) "... por medio del Profeta [Isaías] que dijo: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo" (Mateo 1, 22-23; cfr. Isaías 7, 14).

e') He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo.
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En la proposición (c) Mateo cita a Pedro, quien dice la falsedad —natural— que aparece en la proposición subordinada (c'), por lo que es claro que no estaba hablando como hagiógrafo, aunque personalmente lo fuera. En la proposición (d) Juan también cita a Pedro, que en esta ocasión dice la verdad —natural— que aparece en la proposición subordinada (d'), pues en el momento en que habla tampoco está obrando como hagiógrafo. Y en la proposición (e) Mateo cita a Isaías, quien dice la verdad —inspirada— que aparece en la proposición subordinada (e'), ya que obra como hagiógrafo en el momento en que escribe o habla. En este último caso la proposición subordinada (e') también es afirmada por la Escritura, además de la principal (e); lo cual tiene lugar porque la Escritura cita sus propias afirmaciones. En cambio, la proposiciones subordinadas (b'), (c') y (d') no son afirmadas por la Escritura, debido a lo cual pueden ser verdaderas o falsas sin que por eso sea lastimada la inerrancia de la Escritura.
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En síntesis, todas las proposiciones principales de la Escritura gozan de la inerrancia, siempre que estén expresadas en un género realista, no imaginario o ficticio; y las proposiciones subordinadas —explícita o implícitamente— pueden gozar de ella o no. Las que gozan de la inerrancia son siempre verdaderas, debido a la inspiración; y las que no gozan de ella pueden ser verdaderas o falsas, pero sólo por motivos naturales.


Criterios de interésExegesis logica.
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Se requieren criterios que permitan saber cuáles proposiciones subordinadas —explícitas o implícitas— gozan de la inerrancia, y cuáles no. Tales criterios están en el autor de la proposición subordinada, y también en las condiciones en que habla, dependiendo de que hable como hagiógrafo o no. Pongámoslo en desglose:
  1. Si el autor de la proposición subordinada es Dios o algún santo enviado por Dios, como puede ser un ángel, la proposición subordinada es verdadera y goza de la inerrancia; de lo contrario habrá que ver si el autor es un hagiógrafo o no.

  2. Si el autor de la proposición subordinada no es un hagiógrafo, la proposición subordinada no goza de la inerrancia, y habrá que juzgar si es verdadera o falsa con los normales criterios naturales.

  3. Si el autor de la proposición subordinada es un hagiógrafo, habrá que ver si habla como hagiógrafo o no; si habla como hagiógrafo, la proposición subordinada es verdadera y goza de la inerrancia, y en caso contrario no goza de la inerrancia y habrá que juzgar si es verdadera o falsa con los normales criterios naturales.

En todas las proposiciones, ya sean verdaderas o falsas, es importante averiguar qué es lo que la proposición quiere decir; lo cual es de máxima importancia en las que gozan de la inerrancia de la Sagrada Escritura. Y para llevar a cabo la debida interpretación de lo que una proposición quiere decir debe siempre comenzarse por el entendimiento de su sentido literal, y luego puede ser conveniente o incluso necesario recurrir a la analogía de la fe —que busca la conformidad entre todos los pasajes de la Escritura—, a los géneros literarios, etcétera. Así, por ejemplo, la analogía de la fe y los géneros literarios pueden intervenir en distintas etapas del proceso interpretativo posteriores al inicial entendimiento del sentido literal; muy concretamente, antes y después del análisis lógico que acabamos de realizar respecto a las proposiciones principales y subordinadas.
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Pueden intervenir antes del análisis lógico con el objeto de saber si se trata de un género de tipo realista o si sólo se trata de un género de tipo imaginario o ficticio; de lo cual dependerá que las proposiciones sean verdaderas o falsas en sentido estricto —con adecuación o discrepancia respecto a la realidad objetiva—, o que sean verdaderas o falsas sólo en su referencia a un mundo imaginario o ficticio, como puede ser la afirmación de que el hijo pródigo —de la parábola— volvió con su padre. Y aun en estos casos la redacción global del texto puede —analógicamente— implicar verdades o falsedades estrictamente referidas a la realidad objetiva; por ejemplo, la parábola de los talentos implica la verdad objetiva de que Dios nos pedirá cuenta del uso que hagamos de los dones que nos dio.
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Pueden intervenir después del análisis lógico a fin de interpretar con mayor finura el auténtico sentido de cada proposición. Pero siempre es de primera importancia el sentido literal del texto bíblico, sin cuyo entendimiento ni siquiera es posible llevar a cabo el análisis lógico de las proposiciones principales y subordinadas, ni aplicar el principio de la analogía de la fe, ni ayudarse de los géneros literarios. Y lo mismo sucede en los textos profanos, pues así lo determina la naturaleza misma del lenguaje.


Algunos otros ejemplosExegesis logica.
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Analicemos, a modo de ejemplo, una frase de San Pablo que puede ilustrar muy bien lo que acabamos de decir; se trata de la frase en que manifiesta su sentir respecto a que la mujer enseñe o domine a su marido. Consideremos el desglose que aparece a continuación:

a) "No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido" (1 Timoteo 2, 12).

b) Pablo no consiente que la mujer enseñe ni domine al marido.

c) (Pablo no consiente que la mujer enseñe al marido) y
    (Pablo no consiente que la mujer domine al marido).

d) Pablo no consiente que la mujer enseñe al marido.

e) Pablo no consiente que la mujer domine al marido.
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El sentido literal de la proposición original (a) es bastante claro, con la excepción de que podría no saberse quién es la persona que habla. Mas como la proposición pertenece a una carta de Pablo a Timoteo, sabemos que Pablo es la persona que habla, y podemos aclarar la proposición como se hace en (b). Es muy claro que el género es de tipo realista y epistolar, y que en esta ocasión Pablo habla de lo que él mismo no consiente; y hay dos cosas que no consiente: que la mujer enseñe al marido, y que la mujer domine al marido. La proposición (b) es, por tanto, una expresión que abarca de forma abreviada la conjunción de las dos proposiciones que aparecen entre paréntesis en (c); por lo que (c) es equivalente a (b), lo mismo que a (a). Y puesto que en (c) se afirma la conjunción de dos proposiciones, por la ley lógica a fortioripor fuerza o con mayor razón— sabemos que también se afirma cada una de las dos separadamente, como se muestra en (d) y (e).
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Ahora podemos ver que ni en (d) ni en (e) hay proposiciones subordinadas, por lo que ambas son proposiciones principales y, como tales, gozan de la inerrancia de la Escritura. Es verdad, por tanto, que Pablo no consiente que la mujer enseñe al marido, y también es verdad que Pablo no consiente que la mujer domine al marido. Indudablemente eso es verdad, y tal era el sentir de Pablo, al menos cuando escribió su carta. Pero el sentir de Pablo no necesariamente implica un deber ser —como si fuera Dios quien no consintiera tales cosas— por el solo hecho de que Dios sea el autor principal de dichas proposiciones. Ciertamente Dios es su autor principal, y dice verdad, pero no dice que sea Él quien no consiente tales cosas, sino que es Pablo quien no las consiente. Por tanto, las proposiciones no necesariamente implican un deber ser, sino sólo un sentir de Pablo, quien fue un hombre temperamental y de ideas persistentes, como bien sabemos y más claramente lo veremos en mi siguiente artículo. Debemos, pues, tener mucho cuidado de no dejar en mal a Dios por tratar de dejar en bien a Pablo, aunque apreciemos mucho a Pablo.
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Nada hay qué objetar al sentir de Pablo expresado en (e), porque es verdad que la mujer no debe dominar a su marido. En cambio, el sentir de Pablo expresado en (d) ciertamente es objetable, porque no es verdad que la mujer no deba enseñar a su marido, si sabe más que él. Hoy es perfectamente permisible y deseable que la mujer enseñe a su marido a leer y escribir, y también que le enseñe el idioma inglés, y también que lo ayude a levantar su nivel cultural, si ella tiene un nivel superior, mediante una adecuada enseñanza; todo lo cual era igualmente permisible y deseable en tiempos de Pablo, y lo es también en cualquier tiempo: "Enseñar al que no sabe" es la primera de las obras de misericordia espirituales (Catecismo Mayor, prescrito por San Pío X, n. 945, 1). Debemos reconocer que en esto Pablo se dejó llevar por algunas costumbres de su tiempo y se mostró un poco discriminador de la mujer o un poco machista, como se dice hoy; y debemos reconocerlo para evitar que quien parezca machista sea Dios.


Hay que dejar a salvo la inerrancia de la Sagrada EscrituraExegesis logica.
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Es muy importante que la exégesis deje siempre a salvo la inerrancia de la Sagrada Escritura, porque equivale a dejar a salvo el hecho de que su autor principal es Dios; es decir, equivale a dejar a salvo la existencia misma de la Escritura como Sagrada. Lo cual implica que las fallas son siempre de los hombres, ya se trate de hombres como el necio que niega a Dios, ya se trate de los hagiógrafos mismos, sobre todo cuando hablan de sí mismos o se citan a sí mismos. Volvamos ahora al texto mencionado arriba:
    "Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene de Dios su propia gracia: éste, una; aquél, otra. Sin embargo, a los no casados y a las viudas les digo que les es mejor permanecer como yo. Pero si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse. Cuanto a los casados, precepto es no mío, sino del Señor, que la mujer no se separe del marido, y de separarse, que no vuelva a casarse o se reconcilie con el marido y que el marido no repudie a su mujer" (1 Corintios 7, 7-11. Las itálicas son mías).
En este pasaje hay dos partes muy claras: la primera corresponde sólo a un deseo de Pablo, y la segunda corresponde a un precepto del Señor. En efecto, al decir cuanto a los casados, precepto es no mío, sino del Señor, Pablo claramente indica que lo anterior es consejo suyo, no del Señor. Es obvio que Pablo está enamorado de su vocación de célibe, debido a lo cual dice que quisiera que todos los hombres fuesen como él, célibes. Es como que yo —toda proporción guardada— diga lo siguiente: Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo, filósofos. Esto no significa que yo realmente quiera que todos los hombres sean filósofos, sino sólo que estoy enamorado de mi vocación de filósofo, pues bien sé que cada quien tiene su propia vocación, y que el conjunto de las diversas vocaciones busca el equilibrio armonioso de la sociedad humana.
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Y lo mismo sucede con el deseo de Pablo, pues él mismo dice: pero cada uno tiene de Dios su propia gracia: éste, una; aquél, otra. Es como si dijera: pero ya sé que mi deseo no puede cumplirse. Y es verdad, su deseo no puede cumplirse, ya que, si se cumpliera, la humanidad se extinguiría en pocos años; y entonces, al volver el Señor, ¿adónde volvería y con quiénes? Y aun así, a los no casados y a las viudas Pablo les dice que les es mejor permanecer como él. ¿Por qué insiste en eso? Ayudémonos de otro texto:
    "Acerca de las vírgenes no tengo precepto del Señor; pero puedo dar consejo, como quien ha obtenido del Señor la misericordia de ser fiel. Estimo, pues, que por la instante necesidad es bueno que el hombre quede así: ¿Estas ligado a mujer? No busques la separación. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer. Si te casares, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero tendréis así que estar sometidos a la tribulación de la carne, que quisiera yo ahorraros" (1 Corintios 7, 25-28. Las itálicas son mías).
Nuevamente Pablo aclara que el consejo es sólo suyo, porque acerca de las vírgenes no tiene precepto del Señor, pero de todas formas da consejo, explicando que tiene motivos para darlo. Sin embargo, debe quedar claro que se trata de un consejo sólo de Pablo, no del Señor; y que es sólo un consejo, no un mandato; y, finalmente, que se trata de un consejo falible, ya que no goza de la inerrancia. Lo que goza de la inerrancia es que Pablo da ese falible consejo. Pablo personalmente estima que por la instante necesidad es bueno que el hombre se quede como está, con mujer o sin mujer, sin buscar la separación ni la mujer.
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Y nuevamente, la estimación es falible, por ser sólo de Pablo, y no del Señor. Pero Pablo explica la razón de su estimación por la instante necesidad. ¿Cuál es esa instante necesidad? Ciertamente no es la del fuerte impulso sexual que hay en el hombre —y en la mujer—, pues respecto a tal necesidad Pablo claramente aconseja: Si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse. Además, dado que Dios quiere que el hombre procree y se multiplique, por la analogía de la fe entendemos que Pablo no quiere que el hombre simplemente esté libre de los cuidados del matrimonio y la familia, sino que lo quiere por algún motivo especial. ¿Cuál es entonces esa instante necesidad?


La preocupación por todas las iglesias nacientesExegesis logica.
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En otro lugar San Pablo dice lo siguiente: "Yo os querría libres de cuidados" (1 Corintios 7, 32-35); mas no se refiere a los cuidados y peligros del mundo, sino a que estén libres de cuidados como lo está él. Pablo no estuvo recluido en un convento, libre de los cuidados y peligros del mundo, sino todo lo contrario, pasando por todos esos cuidados y peligros más que los otros:
    "¿Son ministros de Cristo? Hablando en locura, más yo: en muchos trabajos, en muchas prisiones, en muchos azotes, en frecuentes peligros de muerte. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas, una vez fui apedreado, tres veces padecí naufragio, un día y una noche pasé en los abismos del mar; muchas veces en viajes me vi en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi linaje, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos, trabajos y miserias, en prolongadas vigilias, en hambre y sed, en ayunos frecuentes, en frío y en desnudez; esto sin hablar de otras cosas, de mis cuidados de cada día, de la preocupación por todas las iglesias" (2 Corintios 11, 23-28).
Es la preocupación por todas las iglesias lo que hace a Pablo pasar por todos esos cuidados y peligros, y para lo cual necesita estar libre de los cuidados del matrimonio. Y en tal sentido quiere que los destinatarios de su carta sean como él. Queda claro, entonces, que la instante necesidad a la que se refiere, y por la que aconseja que el hombre no busque mujer si no la tiene, es la instante necesidad de la evangelización en un cristianismo que comienza. Pablo piensa que los gentiles garantizan que la humanidad no dejará de multiplicarse, y que a los pocos cristianos de su tiempo les corresponde la urgente tarea —la instante necesidad— de evangelizar a todos esos gentiles. Pero si el cristiano ya tiene mujer, aconseja que no busque la separación, porque para él su misión cristiana está principalmente en su propia familia. La difusión del cristianismo pedía que en los primeros tiempos la proporción de los misioneros célibes fuera mucho mayor que la que habría en tiempos posteriores, cuando el número de familias cristianas sería ya muy grande. Y aun así, Pablo reconoce que cada uno debe seguir la vocación que Dios le dé: Cada uno tiene de Dios su propia gracia: éste, una; aquél, otra.
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Pablo también aclara que tan legítimo es casarse como no casarse, y que en ningún caso se peca; pero sobreentiende que el que no se casa también obra en el Señor, como el que se casa, y que se dedicará del todo a las cosas del Señor, es decir, a la misión de evangelizar. En tal sentido y para tal fin quisiera ahorrarle el estar sometido a la tribulación de la carne. Es necesario estar libre de la tribulación de la carne, del matrimonio, para poder soportar la tribulación de la misión extrafamiliar, con todos sus peligros de mares y de ríos; como también es necesario estar libre de la tribulación de la misión extrafamiliar, con todos sus peligros de mares y de ríos, para poder llevar bien la misión familiar en la unidad de carne.
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No obstante, ambas vocaciones son queridas por Dios, y en ambas se hallan sus divinos consuelos, y tan valiosa es una como la otra. San Pablo se daba cuenta de que en su tiempo era urgente la difusión del cristianismo, y de que la proporción requerida de misioneros célibes era muy grande; y por eso invitaba a tal forma de vida a quienes pudieran tener la inquietud y vocación de abrazarla. Sería muy torpe pensar que San Pablo quería que los destinatarios de su carta fueran como él y así ahorrarles la tribulación de la carne, en el matrimonio, como si la tribulación del matrimonio fuera peor que los peligros de mares y de ríos, y los azotes y los naufragios. ¡Qué poco conocimiento y qué poca estima tendría del matrimonio quien pensara así!
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Finalmente, los géneros literarios ayudan a esclarecer toda la cuestión, ya que estamos ante un género literario de tipo realista y epistolar, es decir, ante una carta dirigida a una comunidad cristiana precisa y en unas circunstancias precisas; por lo que no es legítimo extrapolar su contenido para dirigirlo indiscriminadamente a la cristiandad de todo lugar y época, sobre todo en lo referente a las peticiones concretas. ¿O acaso, como se pide hacia el final de la primera carta a los corintios, nosotros también tenemos que mirar que Timoteo no se sienta acobardado entre nosotros? Las circunstancias precisas son las de los inicios de la difusión del cristianismo, y de un gran requerimiento de misioneros extrafamiliares, célibes, en proporción mucho mayor que en épocas posteriores; y así se entiende que Pablo quisiera que todos los destinatarios de sus cartas fueran como él, si no estaban casados todavía.
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El consejo de Pablo, aunque fuera falible, era muy adecuado a esas circunstancias. Mas de ahí no es legítimo inferir que la vocación al celibato real sea superior a la vocación al matrimonio y a la familia. Si todos llegaran a ser como Pablo, siempre y en todas partes, la difusión del cristianismo conduciría a la extinción de la humanidad. Eso no es lo que Dios quiere, sino que la difusión del cristianismo conduzca a la cristianización de la humanidad de una forma cada vez más estable y familiar, a fin de que siga multiplicándose en forma de familias cristianas o Iglesias domésticas. Ésta es la exégesis preferente de las cartas paulinas en lo que al celibato real se refiere; lo contrario tendría el efecto de presentar a San Pablo como si fuera un tonto.








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