IGLESIA ACTUAL

Nueva evangelización y más fiel (1)

Iglesia actual.

Autor: Paulino Quevedo.
Dr. católico, filósofo, laico y casado.


En la Iglesia Católica llevamos un retraso de autocrítica de siglos, y sin duda tal retraso ha dañado la eficacia de la evangelización.
Iglesia actual.
La nueva serie de artículos que ahora inicio tiene por finalidad ayudar a encontrar la clave de la nueva evangelización y la forma de lograr superar algunos obstáculos que la dificultan. Y es interesante considerar si en realidad pueda haber una nueva evangelización, o si en realidad sólo se trate de continuar con la evangelización de siempre, más intensamente si se quiere. En tal caso la clave de la nueva evangelización sería en el fondo la misma que la de toda evangelización.
Iglesia actual.
Es importante recordar la vigencia del derecho de expresión, enseñado ya con fuerza por el Magisterio de la Iglesia, debido a la necesidad actual de hacer una autocrítica católica seria sin que por eso tenga que haber un abandono o distanciamiento de la Iglesia; y también para favorecer la conveniencia de que los laicos se inicien en los caminos de la investigación teológica. Y tanto más porque lo que hay que decir acerca de la nueva evangelización es algo muy fuerte, como comenzará a apreciarse en lo que resta del presente artículo.
Iglesia actual.
Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si se relaciona con la de los otros, que pueden encontrarse activando el vínculo que se ofrece en seguida:

Nueva evangelización y más fiel

Iglesia actual.
En la Iglesia hemos estado como distraídos: algo estamos haciendo mal
Iglesia actual.
Yo soy un simple fiel laico, teólogo, pero un simple fiel. No soy sacerdote, ni obispo, ni diácono, ni religioso, ni pertenezco a asociaciones religiosas o eclesiásticas, ni siquiera de laicos. Sin embargo, lo normal será que hable en primera persona de plural —nosotros— a fin de involucrarme en todo lo que voy a decir, pues, además de estar realmente involucrado, de otro modo podrá parecer que estoy criticando, atacando, acusando o juzgando a los demás cristianos, sobre todo a los Pastores y demás autoridades eclesiásticas. No es ésa mi intención, porque todos los cristianos estamos involucrados —sólo Dios sabe en qué medida y grado de responsabilidad lo esté cada quien—, aunque lo normal sea tender a pensar que las autoridades tienen mayor responsabilidad, como suele suceder en general, también en lo civil. Hablaré en primera persona de singular —yo— cuando exprese puntos de vista estrictamente personales, y en los que no quiera involucrar a los demás.
Iglesia actual.
El hecho es que en la Iglesia estamos y hemos venido estando en un auténtico estado de emergencia, en zona de desastre, semejante en lo natural a los huracanes, los terremotos, los maremotos, los tsunamis, los volcanes, los golpes de asteroide, los grandes incendios forestales, las guerras, las grandes epidemias, las grandes hambrunas, etcétera. ¿A qué más semejanzas poder acudir? Ni siquiera juntando todos estos desastres podríamos acercarnos a la tragedia que habitualmente vivimos en la Iglesia. Y lo tremendo es que no la vemos, que nos hemos acostumbrado a vivir en medio de esta tragedia, a la que llamaré crisis del incumplimiento:
    Después de dos milenios sólo hemos logrado bautizar al 17% de la humanidad actual, aproximadamente. Según algunas estadísticas mexicanas, en este país está bautizado el 96% de la población, el 14% practica, el 5% va a Misa, y el 2% comulga. Es decir, sólo el 2% vive su cristianismo razonablemente bien. Y si aplicamos ese 2% del católico México al 17% mundial, resulta que menos del 0.4% de la población mundial vive el cristianismo razonablemente bien, aproximadamente y con datos que varían poco. La gran tragedia es que no hemos cumplido ni estamos cumpliendo el mandato de Cristo:
    Iglesia actual.
    "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado" (Mateo 28, 19-20).

Ninguno de los cristianos podemos desresponsabilizarnos de esta grave realidad, sin importar la denominación a que pertenezcamos: católicos, protestantes, ortodoxos, etcétera. Y en todo esto parece no haber más que dos alternativas:
    Cristo fue poco razonable en su petición
    o
    algo estamos haciendo mal.
Indudablemente... ¡algo estamos haciendo mal! Lo sorprendente del asunto es que seguimos haciendo lo mismo: fundando todo tipo de órdenes religiosas y demás asociaciones eclesiales, beatificando y canonizando santos, creando escuelas y universidades, construyendo hospitales y asilos de ancianos y huérfanos, lanzando misiones, perfeccionando la diplomacia internacional, firmando concordatos, promulgando decretales y códigos de Derecho canónico, escribiendo documentos magisteriales, desarrollando la ciencia teológica, organizando concilios, sínodos, portales en Internet, devociones y prácticas de piedad, colectas, retiros espirituales, peregrinaciones, pláticas, etcétera, etcétera.
Iglesia actual.
Parece que estamos convencidos de que si la evangelización de la humanidad no se logra es porque no hacemos eso mismo con la debida dedicación e intensidad. Pues bien, la realidad es que tal vez ningún Papa haya hecho todo eso con la dedicación y entrega con las que lo ha hecho el Papa Juan Pablo II. Y aun así, seguimos sin lograr bautizar más del 0.4% de la humanidad; y si siguiéramos haciendo lo mismo, tal vez para el año 4000 lograríamos bautizar al 0.8% de la humnidad. Yo no digo que esté mal hacer todo lo mencionado en el párrafo anterior; sin duda todo eso es muy bueno, laudable, indispensable, santo... pero —¡pero!— también es indudable que algo esencial falta, o sobra, o debe ser corregido. Todo indica que no sólo se trata de seguir haciendo lo mismo con más y más dedicación e intensidad, sino que algo estamos haciendo mal. Más aun, ni siquiera hemos logrado unirnos como cristianos, en respeto al vivo anhelo de Cristo:
    "No ruego sólo por éstos, sino por los que han de creer en mí por su palabra: que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado" (Juan 17, 20).
Y el mundo cada vez cree menos que Cristo es Dios, el Hijo de Dios hecho hombre, el Verbo Encarnado, que por Amor ha sido enviado al mundo por Dios Padre para redimirnos. Y el mundo en gran parte no cree porque nos ve divididos, como si dijera: ¿Cómo quieren que creamos en su Cristo, si ni siquiera ellos lo obedecen? Tan sólo como botón de muestra, Europa, la gran evangelizadora, hoy reniega de sus raíces y casi se avergüenza de ser cristiana: algo estamos haciendo mal.

Iglesia actual.
Es obligado revisar a fondo lo que estamos haciendo
Iglesia actual.
Dado que algo estamos haciendo mal, y que estamos en la crisis del incumplimiento, resulta obligado que revisemos a fondo todo lo que estamos haciendo y lo que hemos venido haciendo a lo largo de la historia de la Iglesia. Lo divino es perfecto y santo; lo malo está sólo entre los aspectos humanos de la Iglesia. Debemos por tanto abrir dos cajones, y con mucho cuidado poner en uno de ellos lo que es divino, y en el otro lo que es humano. Y entonces habrá que revisar todo lo humano usando como criterio lo divino, y luego quitar lo que haya que quitar, poner lo que haya que poner y corregir lo que haya que corregir. Ése es el trabajo que hay que realizar, y de modo urgente. No será fácil. Si Dios me da licencia voy a colaborar en tal empeño, del mejor modo que pueda, en esta serie de artículos, pidiendo sus luces al Espíritu Santo, y con la ayuda de José y María, la de mi ángel custodio y también la de Santo Tomás de Aquino, de quien soy devoto.
Iglesia actual.
Ya que hemos dejado pasar dos milenios inmersos en la crisis del incumplimiento, es justo que ahora seamos exigentes con lo que hemos venido haciendo, que estrujemos todo lo humano que hay en la Iglesia a fin de obligar a que salga a la luz lo sucio: lo que impide el ser, lo falso, lo malo, lo feo, lo desunido, lo desordenado, lo desamorado, los egoísmos, las vanaglorias, las perezas, los afanes de poder y de riquezas, las manías y las fobias, los maltratos, los atropellos, las violaciones de derechos y todos los males o torpezas que humanamente hayan podido darse en la Iglesia.
Iglesia actual.
En el cajón de lo divino habrá que colocar todo lo revelado por Dios, es decir, el Depósito de la Revelación, que incluye toda la Sagrada Escritura y lo que con certeza sabemos que pertenece a la Sagrada Tradición, por haber sido infaliblemente definido por el Magisterio de la Iglesia. En el cajón de lo humano habrá que colocar todo lo demás, aunque se trate de tradiciones eclesiales muy queridas por nosotros. De otra forma no lograremos el objetivo deseado, pues se nos podrán colar elementos indeseables, con los que estamos encariñados sólo por humana costumbre. Deberemos estar alerta a fin de que no se nos apliquen las palabras que Nuestro Señor dirigió a los fariseos y escribas de su tiempo:
    "Se acercaron a él los fariseos y algunos escribas que habían llegado de Jerusalén y vieron a algunos de sus discípulos que comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavar. Pues los fariseos y todos los judíos nunca comen si no se lavan las manos muchas veces, observando la tradición de los antiguos; y cuando llegan de la plaza no comen, si no se purifican; y hay otras muchas cosas que guardan por tradición: purificaciones de las copas y de las jarras, de las vasijas de cobre y de los lechos. Le preguntaban, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los antiguos, sino que comen el pan con manos impuras? El les respondió: Bien profetizó Isaías de vosotros los hipócritas, como está escrito:
      "Este pueblo me honra con los labios,
      pero su corazón está bien lejos de mí.
      En vano me dan culto,
      mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos.
    "Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres. Y les decía: ¡Qué bien anuláis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y quien maldiga al padre o a la madre, sea reo de muerte. Vosotros, en cambio, decís: Si dice un hombre al padre o a la madre lo que de mi parte pudieras recibir sea Corbán, que significa ofrenda, ya no le permitís hacer nada por el padre o por la madre; con ello anuláis la palabra de Dios por vuestra tradición, que vosotros mismos habéis establecido; y hacéis otras muchas cosas semejantes a éstas" (Marcos 7, 1-13. Cfr. Isaías 29, 13; Éxodo 20, 12 y 21, 17).
La confusión entre la Sagrada Tradición y las simples tradiciones cristianas humanas no tiene que deberse a hipocresía, como sucedió en el caso de los escribas y fariseos mencionados por Jesús, sino que puede deberse a falta de la debida diligencia en el estudio de las cosas divinas; y también al temor de atreverse a pensar de manera distinta a lo establecido en las tradiciones y así correr el riesgo de ser vistos con recelo por quienes aceptan y aman dichas tradiciones.

Iglesia actual.
Orden tentativo a seguir en esta serie de artículos
Iglesia actual.
Como es obvio, yo no podré aportar todo lo propuesto en el apartado anterior; es algo que me rebasa, tanto en tiempo como en talento. Sin embargo, me parece haber visto el problema con cierta claridad, lo mismo que la clave de su solución; misma que abordaré en primer lugar, ya en el siguiente artículo de esta serie. Y me parece que podré también colaborar con el esclarecimiento de algunos otros obstáculos que han venido dificultando la evangelización y que deben ser superados a fin de lograr los objetivos de la nueva evangelización que nos proponemos llevar a cabo en el milenio que comienza. No sé cuántos artículos tendré que dedicar a cada tema, pero el orden que procuraré seguir es el siguiente:
  1. La clave de la nueva evangelización, referente a la familia, el Bautismo y la entrega a Dios.
    Iglesia actual.
  2. Cierta forma rigorista de predicar y evangelizar.

  3. La eternidad del Infierno, que según la mentalidad de muchos arroja un rasgo de crueldad en Dios, o en la forma en que Dios y el Infierno son enseñados por el Magisterio de la Iglesia.

  4. La doctrina sexual ha sido rigorista y represiva, y por la ley pendular de la historia ha sido contraproducente y ha favorecido el actual desenfreno sexual.
El mencionado orden a seguir es sólo tentativo, y podrá tener cambios durante el desarrollo de los temas, que sin duda implican investigaciones teológicas; mismas que, como toda investigación, implican una cierta dosis de aventura. Los temas a investigar y tratar son muy delicados y comprometidos; son de esos temas que obligan a caminar sobre el filo de la navaja. Y por eso, más que en otras ocasiones, pido a mis lectores sus oraciones para obtener la ayuda y las luces de lo Alto a fin de no ir a desviarme ni a izquierda ni a derecha, y así lograr en verdad ofrecer una ayuda valiosa al Magisterio de la Iglesia.






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